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En la revista: Calendario 2012 Competiciones


Introducción a la psicología del tirador
Gustavo Daniel Maure
FEB
24
El rival interior
La personalidad ganadora no es un don genéticamente dado como el color de ojos que resulta inmodificable, sino que es algo en permanente cambio, evolución y detención o crecimiento, sin embargo la mayoría de los jugadores y entrenadores están íntimamente convencidos que la actitud mental es un talento natural que solo se foguea y cultiva en los campeonatos.
Intentaremos resolver algunos de los enigmas que encierra el temple del campeón e investigar sobre las posibilidades de producir una fuerte estimulación en su desarrollo psicológico o lo que es lo mismo, desmontar las inhibiciones psíquicas que perturban su progreso y perfeccionamiento.
Estos artículos proponen tres tesis psicoanalíticas básicas y una cuarta adicional: la primera plantea que el enfrentamiento deportivo es la expresión de una batalla simbólica . La segunda postula que el deporte es el fruto de una sublimación de la guerra , este proceso constituye un gran progreso cultural ya que brinda la posibilidad de encauzar pulsiones (impulsos) o instintos agresivos en procesos sublimados, es decir carentes de destructividad o privados de sus fines aniquilantes, permitiendo así la creatividad, la destreza y la máxima eficiencia en el juego, sin necesidad de matar o exterminar al otro.
Este mecanismo psicológico permitió cambiar la guerra por el deporte y el enemigo por el adversario, ya que los juegos representan simbólicamente enfrentamientos de guerra pero sujetos a normas que rigen y regulan la conducta de los participantes y reglamentos que lograron cambiar las armas por instrumentos deportivos (raquetas, bates etc.), el proyectil por una pelota y reemplazaron al hombre enemigo por el arco contrario, así penetrar el arco es herir al enemigo simbólico. Pero al mismo tiempo la cultura fuerza una represión de la agresividad que obstaculiza la actitud deportiva.
La idea no es intentar un reduccionismo sobre esta actividad, sino sacar a la luz un factor psíquico capaz de inhibir o potenciar el rendimiento anímico del deportista en ámbitos de competición.
Estas dos primeras proposiciones tienen netas consecuencias en la organización del psiquismo de los jugadores, en el mayor o menor rendimiento que pueden alcanzar en los partidos, en la agresividad de su juego, en la entereza mental con que pueden resistir el enfrentamiento y en el grado de tensión que son capaces de soportar.
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